Los síntomas de la depresión son fáciles de detectar en casi todos los casos:

  • Se trata de un decaimiento del ánimo generalizado.
  • El sentimiento predominante es de tristeza.
  • A la persona le cuesta  mucho esfuerzo realizar las tareas cotidianas que antes realizaba con normalidad.

                Entre los síntomas de la Depresión más molestos está la pereza para la higiene personal: una persona que hasta ese momento era limpia y pulcra, de pronto se vuelve indiferente, no se ducha, no se cambia de ropa.

                Otro grupo de síntomas lo podemos detectar en torno a los horarios. Esa falta de energía y de motivación se puede extender a cualquier actividad de la vida diaria: el trabajo por supuesto, pero también el ocio, ir a comprar, actividades en pareja o en familia.

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Otro ámbito que suele estar alterado es el sueño. Podemos encontrar alteraciones del sueño de varios tipos: desde sueño muy escaso –resulta casi imposible dormir. Hasta interrupciones frecuentes en un sueño poco reparador. Hasta el síntoma contrario de un exceso de somnolencia a todas horas. En los primeros casos podemos hablar de la combinación de síntomas depresivos con ansiedad. En este último caso, de somnolencia permanente, estamos hablando de Depresión pura. En el ámbito de la intimidad, la esfera de la sexualidad está también paralizada o bloqueada.

Podemos decir que las energías de la persona están “estancadas” y se han vuelto hacia dentro, se dirigen hacia el interior de la persona y no pueden conectarse con el mundo exterior, con las personas y las cosas que acompañan su vida. A la sensación de falta de energías se suma la percepción de que “el mundo ha perdido su color”, se ve “todo gris”. O negro.

El tiempo y el futuro se perciben sin salida, sin esperanza.

Todos estos síntomas de Depresión se presentan en la mayoría de los casos de una forma repentina y después de algún suceso que ha tenido un impacto evidente sobre la persona. Ella misma o alguna persona cercana pueden reconocer cuál ha sido el suceso desencadenante. Habrá que diferenciar, en un análisis más detallado, si se trata de la causa de la Depresión o ha sido un suceso más que se ha sumado a una serie que se ha ido acumulando hasta que el ánimo de la persona se ha venido abajo.

Según el carácter de la persona y según el impacto que esté recibiendo, la Depresión puede manifestarse de forma brusca, de un día para otro. O bien puede ir adueñándose poco a poco de la voluntad de la persona, tornando su ánimo en progresión lenta, de forma que llega a parece su estado normal, su “forma de ser”.

                Este tipo de Depresión es el más dañino, por ser el más difícil de detectar y que puede llegar a permanecer durante años, sin que el paciente ni su entorno lleguen a asumir claramente que se trata de los síntomas de una Depresión.

“Es una persona muy reservada”, “No le gusta salir de casa”, “No tiene ganas de nada”,

“Nada le motiva, nada le gusta”, “Prefiere no ver a nadie”…

                Cuando podemos aplicar más de dos frases a la misma persona, de una forma permanente –no esporádica o temporal, estamos hablando de una Depresión.

                La Depresión es diferente del Duelo. En el Duelo tenemos claro que hemos perdido a un ser querido. Esa es la causa de la tristeza. Todos los objetos y lugares que estaban relacionados con esa persona (o animal), nos renuevan el sentimiento de pérdida. La mente nos trae una y otra vez los recuerdos felices que no hacen sino aumentar el dolor.

Ese es el duelo, el proceso –doloroso- de la despedida de un ser querido. Es como si en cada recuerdo, en cada lugar, necesitemos volver a decirnos “ya no está”. La historia se ha detenido y lo que se hizo, se hizo y lo que se dijo quedó dicho. Y ya no hay vuelta atrás.

En la Depresión es el mundo entero el que se te viene encima. Es cierto que a veces, el Duelo es especialmente duro y conduce hacia una Depresión. Seguramente cuando la pérdida de esa persona ha hecho que el resto del mundo deje de tener sentido.

En relación con la oralidad, encuentro una respuesta de aumentar el consumo de alimentos cuando hay ansiedad. Cuando los síntomas son de Depresión pura, el apetito disminuye claramente.

 Sara Blasco Perujo

18 de Junio del 14

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