En el camino de la vida, cada día es una oportunidad que se abre.

Comenzamos de nuevo.

Anoche pesqué de casualidad una película del último Tom Cruise. Más serio, menos “sonriente a lo don Juan”… “Al Filo Del Mañana” creo que se llama. Y es curioso, pero me dio un golpe de optimismo. Una sensación de poder, de que es posible alcanzar algún sueño.

Es una película –para quien no la ha visto- donde el protagonista muere y vuelve a nacer cada mañana, la mañana del día anterior. La vida es una guerra contra los alienígenas más salvajes. Reiniciar el día se llama ese fenómeno, esa capacidad.

Es una buena metáfora de lo que todos hacemos sin darnos cuenta.

Solo que en ese re-inicio que es nuestra vida, no nos ponemos las pilas de un nuevo intento de vencer. De aceptar morir. Y algún día, saber que hemos hecho todo lo posible. O sí.

Si es así, respira. Aunque hayas perdido la batalla de la vida, que todos perdemos al final. Al menos puedes decirte que has luchado por algo. Que te has preguntado algo.

Pero si aún crees que tienes algún sueño pendiente, es una buena manera de pensarlo: cada nuevo día se abre una puerta, se inicia un camino, se repite una posibilidad de hacer algo diferente.

De hacer algo mejor.

Sobre todo en las relaciones con los próximos. Y con un@ mism@…

Al principio él es un periodista al que movilizan forzosamente. Dice que todo es un error, que él no puede ir a esa guerra. Intenta desertar. Y claro, tiene que ir pero además como soldado raso. Y cómo se quita el seguro…No sabe ni disparar el arma. Es una pesadilla.

Y muchas veces la vida nos pone en situaciones parecidas: “qué hago yo en un sitio como éste”.

Patrones de dominio-sumisión

Algo hay que obedecer para después saber mandar. Sí, es cierto. Hay que aceptar alguna regla, algún límite. En casa, en el colegio, el instituto, la universidad o el trabajo. Y el trabajo y la pareja.

La cuestión será aceptar las reglas del juego pero sin perder tu propia personalidad. Tu propia forma de ser.

Y después, tener la suficiente autoestima, el suficiente coraje como para cuestionarte tu forma de ser. Tu maravillosa personalidad. Primero hay que formarla, para que luego te puedas permitir cuestionarla, aceptar los fallos. Tuyos y de los demás.

Porque los niños nunca hacen lo que los padres quieren.

Porque la mujer, el hombre, nunca hacen exactamente lo que tú habías soñado.

En el trabajo, en el amor.

Caminar hacia una sociedad más justa y más culta.

Eso conlleva cambiar patrones de educación infantil: todavía se requiere demasiado que los  niños sean sujetos pasivos muchas horas, que los niños sean borregos que siguen al pastor o a la pastora sin saber adónde van ni qué quiere decir aquello. Aprenden sin sentido, sin deseo de aprender. Porque nadie les ha preguntado. Porque los mismos maestros repiten un modelo de aprendizaje basado en patrones de dominio-sumisión.

Y en la pareja también. Sobre todo veo en parejas jóvenes, con hijos pequeños, mucho estrés de los dos en sus trabajos. No hay tiempo apenas para mirarse a la cara. Y lo que surge son las formas de los padres de cada uno. El tipo de relación que han aprendido. Cada uno se ha identificado sin saberlo, con formas de relación que muchas veces reproducen ese sistema: dominio y sumisión. Un@ domina y el otr@ se somete.

Así la convivencia se convierte en un forcejeo constante. Y cada un@ pretende tener toda la razón.

Y uno puede sentirse traicionado porque la otra parte le cuestiona. Porque tiene un punto de vista diferente. “Sin ti no soy nada”.

Eso que es real en el momento del encuentro pasional, no se puede llevar a la convivencia. Una cosa es la cama y otra la cocina. El amor romántico habla de la cama, de todos los matices de la entrega y el placer llevado a sus profundidades más sublimes.

Pero eso no puede trasladarse al resto de la convivencia. Ahí está el error. Acompañado de una dependencia de siglos por el reparto de los trabajos de la crianza y la caza…Y me voy tan lejos porque es conveniente ampliar la perspectiva. Salir de nuestro pequeño mundo, mirar qué está pasando.

Avanzamos, la travesía continúa. ¿O se repite…?

 

22 de Octubre 2019

Sara Blasco

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