La ansiedad y la soledad, van casi de la mano. El domingo 21 septiembre publica en El País Elvira Lindo, admirada escritora: “Cuando te come la ansiedad”. Se mueve entre la reflexión personal y la descripción antropológica y es muy enriquecedor leerla. Hablaba de las ansiedades y los miedos. Los reunía casi todos en una retahíla muy completa. Habla de la guerra civil y la posguerra y el estrago de miedos y terrores que produjo, concretamente en su padre y por ende en ella. Resulta muy liberador, catártico, leer en primera persona el relato de sus propios temores.

Las personas que padecen ansiedad suelen quedarse muy aisladas de su entorno. Creen efectivamente que nadie va a comprenderles. Se sienten muy solos en su drama subjetivo. Por eso felicito a Elvira por su valentía y sinceridad, seguro que con su artículo ha ayudado a mucha gente.
Pero prácticamente afirma que no hay cura para eso. Así que tengo que disentir.
Camino de curación
En mi experiencia desde un lado y otro del psicoanálisis y la psicoterapia, sí tiene solución. Al nivel de la química de los neurotransmisores está ya demostrado, pero excede mis conocimientos actuales hacer una explicación clara de ese proceso.
Lo que sí he comprobado es que la mente funciona como una red tridimensional, donde los datos de la experiencia se van acumulando en un sistema “lógico” según el aprendizaje vivencial, emocional, cognitivo y social, de cada persona.
Y en el transcurso del caminar, la experiencia deja huellas que se corresponden con los hechos vividos y algo más: las deducciones que saca cada cual. Es decir, las consecuencias: Una madre y un padre inseguros y temerosos van a transmitir sus temores a sus hijos.
La transmisión es inconsciente, de forma involuntaria. Claro que todos los padres y madres quieren hacerlo lo mejor posible. Unos se preocupan más que otros, pero en la mayoría existe buena voluntad. Pero eso no basta. Aprender a confiar en las posibilidades de la vida, de este mundo, de los otros, los demás que no son de la familia…
Y algo fundamental que puede aportar una terapia: volver a interpretar los hechos. Poder hacer una revisión de las conclusiones a las que se llegó cuando niña, cuando niño. Revisar los complejos y las culpas, revisar lo que se creía que los demás pensaban de ti.
El cambio de punto de vista abre una perspectiva nueva. Y ese cambio, que parece pequeño, produce un cambio en toda la estructura emocional, cognitiva, social.
La cuestión es que este cambio debe empezar desde el relato que la persona hace de su historia vivida. Debe empezar por las quejas, los recuerdos, los sueños de la persona. Sus crisis de ansiedad, sus angustias, cómo han empezado, cuál fue la primera vez, qué había pasado antes, qué circunstancias rodeaban ese momento…
Esta es la única forma de que la ansiedad desaparezca por completo y a la vez la persona no quede sugestionada, “idiotizada” por medicamentos o métodos que sólo son una capa de protección añadida y artificial. El conflicto sigue en el interior de la persona.
Sólo así tendremos alguna clave de ese puzle. Por eso desconfío de los sistemas pre-fijados para la salud psicológica: “Usted puede ser feliz”, “Mírese al espejo y dígase lo feliz que se siente…” más o menos. Me parece un engaño y un intento de sugestión.
Claro que las personas tenemos las claves de nuestra felicidad. Pero no por sugestión o repetición de fórmulas mágicas que nos vuelven un poco más idiotas. Sino por encontrar de verdad el hilo de sentido que ha tejido nuestras vidas.
En algunos casos esto es suficiente para la desaparición de la ansiedad.
En otros, será necesario un paso más en la terapia: replantear el modo de vida actual de la persona. Muchas neurosis obsesivas o histéricas conllevan una considerable dosis de ansiedad que se traduce en pensamientos o actos repetitivos o en síntomas somáticos de origen puramente psíquico.
Ya he comentado el escenario “sin salida” que aparece en el guión vital de estas personas. Hay un estancamiento, un encierro que por un dilema moral, son incapaces de romper. Anteponer el “deber” al querer tiene consecuencias nefastas. Aunque elegir el querer también puede producir dolor.
Llegados a este punto la ansiedad tiene un desencadenante actual, presente, aunque sus raíces puedan estar en la infancia. En estos casos el círculo de la ansiedad resulta más difícil de vencer. Porque vencerlo corresponde con un cambio en la realidad: un cambio de trabajo, de pareja, de vida.
Y es cierto que la voluntad de cada persona por encontrar la solución a sus conflictos es la clave decisiva.
Volver a definir la propia vida en respuesta a un deseo personal auténtico y profundo. Cuando se descubre que la vida ha sido planteada desde presupuestos falsos, o desde los deseos y los mandatos de otros. (Los padres casi siempre: ahí hablamos del Superyo inconsciente)
En ocasiones es un proceso sencillo que sólo dura unos meses, porque la persona lo tiene muy claro. En otras ocasiones no resulta tan fácil. La situación de crisis económica no favorece los cambios ni las valentías. Aún así, es diferente ser consciente de lo que se desea en la vida, aunque se vea como un camino a medio plazo, que desconocerlo y vivir de espaldas a ello.
He hablado antes de conflicto moral: realizar el propio deseo de un cambio de trabajo, de un cambio de pareja más aún, supone un conflicto moral. Porque el deseo es volátil, porque las relaciones cotidianas se tiñen muchas veces ¿siempre?, de una mezcla de amor y odio hacia la misma persona… Porque siempre una realidad soñada es más perfecta que una realidad real. La diferencia es que en una se puede vivir –en la real, y en la soñada siempre por definición queda uno fuera, como mero observador… Ahí es cuando la ansiedad se desencadena, como impulso incontenible de correr, de huir, de estar en otro escenario, en otra parte. El conflicto es interno, es una parte de la persona queriendo huir de la otra, o luchar con ella.
Pregúntate de dónde quieres irte.
Pregúntate adónde quieres llegar.
Pregúntate quién puede acompañarte en el camino.
Atreverse a dar el salto es un buen ejercicio de vida.

Ha empezado el Otoño
Sara Blasco

6 Comentarios

  1. Tiene consulta en leon , me gustaria tener consulta con usted , me llamo jose soy de leon y tengo ,42 años, padezco de ansiedad hace muchos años y ultimamente con soledad , un saludo

    • Hola José
      Lo siento, no voy a León a atender. Si puede venir a Madrid aunque fuera una vez cada quince días, podríamos hacer una psicoterapia.
      En caso de no poder desplazarse, le aconsejo que hable con alguien allí. Seguro que encuentra algún buen profesional que pueda atenderle. Es un primer paso para poder cambiar su vida. Necesita hacer ese trabajo previo para poder solucionarlo.
      Saludos
      Sara Blasco

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