Hace tiempo que desde diversas corrientes científicas se considera que no existe una línea clara de separación entre “enfermo” y “sano” en lo que se refiere a la Salud Mental.

Sin embargo muchas personas siguen pensando que hay un abismo entre lo uno y lo otro. Y claro, todos quieren estar en lado de “los sanos”.

Si me pienso a mí misma/o como razonablemente satisfecho con mi vida, me siento feliz. O casi. ¿Por qué casi? Porque en mi interior siempre hay un pequeño margen para que las cosas fueran mejor. Deberían haber ido mejor antes, deberían ser mejores ahora, y ¿en el futuro?, ¡Buf! Quién sabe…

Ese grado de incertidumbre, de desasosiego, de no saber, de no tener la certeza, la seguridad… Sí, me va bien, pero…

Porque en una parte de nuestro laberinto interior, querríamos que las cosas hubieran sido mejores, más fáciles, más rentables, más exitosas. Todo el mundo piensa que se merece algo más, que sus esfuerzos deberían haber dado mejores resultados. Que si en aquella ocasión hubiera hecho tal cosa, hoy sería “millonario”. De eso se alimentan las adivinas y agoreros de todo tipo. Del sentimiento de frustración casi generalizado, del sentimiento íntimo de que las cosas deberían haber ido mejor, deberían haber sido mejores para mí. Y en esa convicción se asienta un sentimiento de tristeza, de infelicidad.

Y ese sentimiento de infelicidad y de tristeza mínimo y muy escondido, es la base para que a veces, una obsesión empiece a tomar forma, o una fobia, o un dolor psicosomático.

Pero ¡YO NO ESTOY LOCO!

Gritamos. Es lo que nos faltaba, que encima de la injusticia que se ha cometido con una vida de impedimentos y frustraciones, nos consideren majaras, mal de la chaveta, como una regadera vamos… Intentamos controlar el estrés, la ansiedad. Pero por ese camino, ella nos va controlando cada vez más.

Algo reclama ser escuchado, no controlado. Para eso hay que ir al psicólogo (psicoanalista mejor) Para escuchar eso que protesta en nuestro interior, eso que no quiere seguir la norma general, la uniformidad global de todos-los-que-son-normales.

Porque ya alguien lo ha dicho: en un mundo alterado e injusto, lo normal es no ser normal. Lo normal es salirse un poco de la norma y preguntarse dónde está mi felicidad, que la he perdido por ahí.

Sin olvidar que la fortuna está en las buenas preguntas. No las aplastemos con mediocres respuestas.

S.B.P. Abril 2014

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