ALQUIMIA DE LA VIDA

noviembre 3

Convertir lo negativo en positivo

El ingrediente primero y principal es trascender el propio Yo.
Creo que es algo más que empatía. Hace falta ver desde dónde habla el otro. Desde dónde piensa, desde dónde mira, desde dónde escucha. La empatía es un ingrediente necesario también, sí.
Pero para convertir lo negativo en positivo tienes que colocarte en una dimensión de no-yo. Es decir, olvidar por un momento tus intereses cercanos, tus egoísmos. Tu tener razón. Y esperar a que el otro despliegue sus razones, su pensamiento, su sentimiento.
El otro día lo vi. He visto cómo alguien lo hacía, y nos transportó a todos hasta otro escenario. Fue muy interesante. Después de dos horas de escuchar explicaciones que a mí no me interesaban personalmente, estaba a punto de protestar. Nos toma por idiotas, pensaba. Resulta que no. Había a quien si le interesaban y mucho. Y otra persona a quien tampoco interesaban en realidad, hizo un comentario elogioso del esfuerzo y capacidad de quien tanto explicaba. De su interés en incluir a quien por desconocimiento, quedaba excluido.
De parecerme una estricta funcionaria, quien daba las explicaciones pasó a parecerme Teresa de Calcuta. Era cierto, se estaba esforzando por algo con mucha bondad y entrega.
Ese es el arte, la alquimia. Eso es transformar lo negativo en positivo. Y podemos trasladarlo a todas nuestras relaciones: en el trabajo, con la pareja, con los hijos, con las amigas y amigos, con la familia política, con la familia natural…
Es lo que se espera del Amor, así con mayúsculas. Y es lo que el Amor consigue.
¿Por qué?
Porque en un sentimiento tal, la amistad va de la mano. La perspectiva cambia.
Pero nos confundimos mucho con la idea del Amor… Enamorarse no es amar, es desear. Y desear para mí. Tener al otro para mi satisfacción.
Si enamorarte es encontrar en el otro un reflejo de tu propio Yo, en realidad eres un Narciso que va a caer al lago en cualquier momento. Aunque las mujeres aguantan mucho.
Hace poco una mujer me decía: Me separé porque ya no sabía quién era yo. De tanto escucharlo a él, tenerlo en cuenta, hacer los planes que él quería…ya no sabía dónde estaba yo, ni qué quería. Aquí nos pasamos de empatía. O de pasividad interesada como dice un amigo. Él cree en una forma de convivencia donde si los dos ganan, en independencia, en realización de sus deseos, la pareja es posible. ¡Bendito sea!
Y no porque me parezca inocente. Porque me parece muy racional. Pero es cierto, la razón seguramente es la que debe ir por delante. Para cambiar los sentimientos. Para dejar de creer en los Cuentos de Hadas sin dejar de creer en ellos. Es decir: en un campo diferente, donde la relación tenga un ingrediente mínimo de egoísmo. Porque tú no quieras encontrar a tu madre en tu pareja. Porque tu yo no esté tan herido. Porque puedas disfrutar viendo a otro disfrutar. Un hijo, un amigo, un padre, una mujer, un hombre.
Para eso, siempre lo diré: hay que cuidar a los niños. Respetarlos, escucharlos. Tenerlos en cuenta como la persona adulta que van a llegar a ser. Amarlos en su dimensión humana. No en relación a las expectativas que yo tengo de lo que tiene que ser mi hijo, mi alumno, mi sobrino. Los niños nunca hacen lo que queremos que hagan. Es su naturaleza. Más arriba o más abajo, o antes o después. Pero nunca en el sitio. Son como los adultos. Tampoco nos gusta que nos digan: haz esto, ¡ahora!
Que no se trata de criar borregos. O sí? Después buscarán a alguien que sea su pareja que les grite y les mande. O a quién gritar y someter. Reproducimos el modelo. Repetimos el error. El Amor es mucho más inteligente. Y reflexiona…
Seguiremos con la Alquimia, probando…

Sara Blasco
Otoño 2017

La creación, la pareja y otros inventos

febrero 8

La vida es una creación y hasta cierto punto es un invento. Claro, los seres humanos habitantes de esos conglomerados que llamamos ciudades, tenemos una vida rutinaria ya prefijada, más o menos elegida y otros resquicios de tiempo disponible que a veces nos hacen sentir el vacío de nuestra propia existencia o bien la invasión por parte de los otros: entre el abandono y el secuestro…
clip_image002En la pareja un hombre podía querer una mujer para asegurarse la satisfacción sexual. De hecho es uno de los motivos que un hombre puede alegar para sentir que la pareja está rota, o funciona mal…
Y también una mujer podría querer un hombre para que le dé hijos. Pero también puede ser al revés. Una mujer puede querer a un hombre que la satisfaga sexualmente. Y un hombre buscar una madre para sus hijos…
Hay parejas de todo tipo conviviendo en la actualidad. Desde las que se rigen por un modelo medieval de dependencia servil. Hasta los que están inventando maneras de convivir y de sacar a los hijos adelante sin que necesariamente haya lazos de sangre o roles tradicionales de hombre-padre o mujer-madre…
Aunque los deseos no son tan diferentes. La cuestión es qué hacemos con ellos… Los hombres suelen tener una sobre-abundancia de deseos. Los tienen muy claros. Saben lo que les gusta y lo que no. Las mujeres suelen poner por delante las necesidades de los hijos y el marido, y lo que consideran condiciones mínimas de higiene y abastecimiento cotidiano.
La mujer tiene que pararse a pensar qué es lo que ella quiere. Y es interesante que lo haga. A veces, deshecha sus propios deseos como poco importantes o imposibles de realizar.
Aunque otras veces sí encuentra la posibilidad, el hueco, por pequeño que sea, es un hilo del que empezar a tirar. Para que la propia realización sea al menos una parte de lo que le da valor.
Para no depender enteramente de la mirada del otro. Para consistir en ella misma.
Y efectivamente, se trata de crear. Crear nuevas formas de relación entre un hombre y una mujer. Entre las mujeres y los hombres. Cada uno aporte su granito de arena.
Como que las tareas de la casa dejen de ser “lo que ella quiere”: “Lo que ella quiere es que mañana nos pongamos a limpiar”…
¿Se trata de un espacio de poder, de mando para ella?
¿O se trata de una mala manera de enfocar el reparto de tareas?
Es sorprendente que en parejas jóvenes, donde los dos trabajan, donde los dos se vanaglorian de participar activamente en la crianza de los hijos –qué bien- sin embargo haya todavía expresiones de ese tipo.
¡No creo que el deseo de ninguna mujer sea limpiar la casa! Es una necesidad de higiene, de orden estético incluso, que puede otorgar una satisfacción placentera del deber cumplido, o de la imagen presentable, pero es algo básico, necesario, previo a ningún deseo.
Como si la casa continuara siendo el espacio de dominio y sometimiento femenino inevitable.
La cara y la cruz que muestran lo difícil que resulta deshacer esa dependencia de siglos.
También hay casos donde la decisión del hombre de participar en la casa y la crianza, se convierte en un control obsesivo y casi persecutorio. También hay mujeres obsesivas y persecutorias… Cuando queremos hacerlo todo racional, tipo cuartel. Nos olvidamos de las emociones y las personas…
El Arte abre ventanas en tu mente, en tu espíritu. Un cuadro, una escultura. Una película, una obra de teatro. Incluso una música. “Passengers”. “Mármol”.
La mujer, la que no tiene, deja el espacio para que el otro sea, tenga. No poder, no tener. O ser-carente. “El Día de la Marmota”. Aprender a estar abierto al otro desde la propia carencia. No desde el poder. Desde la propia carencia, falta. Humildad. “Yo tampoco soy el que puede colmar tu deseo”. Yo también soy un pobre hombre. Pero entre los dos, podemos inventar lo maravilloso. Cada uno tiene su espacio de cultivo propio. Y un pequeño espacio en común.
Para producir ese vacío donde los deseos aparezcan. Donde uno escuche el deseo del otro. Y viceversa.
Un hombre reconocía no haberle prestado demasiada atención a su mujer ni a sus hijos. Se había centrado en el trabajo. Muchos años. Para “que no les faltara de nada”. Pero la mujer le había pedido una y otra vez: vamos a hacer cosas juntos. Vamos a un teatro, a un cine. Y el hombre no había escuchado. Ahora, se lamentaba. Ella no puede más. Y ha decidido partir, irse. En busca de sus sueños. Sabe que son sueños. Pero no puede seguir viviendo así, a la espera de alguien que nunca llega. Y cuando llega está cansado, malhumorado, todo le disgusta.
Él le pide tiempo. Pero el tiempo para ella ya ha cambiado. Está en otra estación.
No es entre el sueño y la realidad, es entre la realidad deseada y la realidad yerma, estéril, repetitiva, monótona, muerta, empobrecida, abandonada a la inercia. Y eso es igual en soledad o en pareja…
La realidad se cultiva con sueños y con actos. Es un arte, un invento.

Sara Blasco
Febrero

La angustia es una pregunta

diciembre 15

La angustia es una pregunta que no encuentra su respuesta.
Y que ni siquiera ha sido formulada como pregunta.
Si queremos encontrar una solución para la angustia tenemos que encontrar las dos: la pregunta y la respuesta. Tiene que encontrarla la persona que la padece, y que viene a consultar a un psicólogo.
Es como un agujero negro por donde se ha colado una parte de la vida, una parte de los deseos y las inquietudes. En un momento dado, el agujero se hará presente: está ahí.
El otro día leí al pasar que Stephen Hawking afirma que la información de lo que se ha “tragado” el agujero negro está ahí, en la entrada del agujero. Sólo que no es posible rescatarla. Es la “paradoja de la información”, que se queda retenida en el “horizonte de sucesos” en forma bidimensional. “Hawking admite que no hay forma de recuperarla de ahí en forma útil, pero está dispuesto a jugar con la idea de que pueda reaparecer en un universo paralelo…” (El País p.10 “El Acento”: “Stephen Hawking sale del agujero negro” Javier Sampedro
)
Hablando de ti mismo, de cómo fue tu infancia, de cómo tu padre hizo de padre, de cómo fuiste querido, amado, utilizado, rechazado, traicionado, vuelto a querer, protegido en exceso, admirado, humillado, victorioso… te encuentras a ti mismo, cómo has sido tú como hijo, desplegando todos los días, todas las noches que puedas recordar…Aparece el transcurso de tu historia, las huellas dejadas por los otros que han sido para ti…
Qué otro eres tú para tu hijo, qué padre eres…
Esa puede ser una pregunta. Y la angustia aparece si hay algo que no se puede concluir, hay algo que no se puede aceptar, un final, una separación, deja un vacío.
Cómo has sido marido o compañero, cómo has sido mujer y compañera, cómo has sido madre, cómo has amado a tus hijos. Si no hay preguntas no hay angustia y todo queda cerrado y punto, ya no piensas más en ello. Y está bien así. Seguramente.
La angustia habla de humanidad, de no conformarse con lo que la racionalidad nos marca. De sentimientos abiertos, a veces desgarradores.
Las preguntas están en un lugar llamado Inconsciente. Lo que conocemos de nosotros mismos es la punta del iceberg, una pequeña parte de lo que somos en realidad. Y la parte escondida es mucho más grande, donde habitan las huellas de un pasado inmenso cargado de todas las emociones que hemos vivido alguna vez.
Toda esa información está perdida. Está casi perdida, sólo a veces podemos recordar. Pero muchas veces repetimos, sin darnos cuenta.
Volver a leernos para volver a escribirnos. Esa es la solución: aparecer en un universo paralelo. Cada vez que nos reinventamos, creamos un universo paralelo. Creamos lo que no existía antes.
También el genial Hawking define la inteligencia como la capacidad de adaptarse al cambio.
Adaptarse no es sucumbir ni paralizarse ni morir con el cambio. Adaptarse, me parece, tiene que ver con luchar, con usar la imaginación, con crear herramientas que te permitan enfrentarte a la nueva situación con éxito.
La angustia es una pregunta que no ha sido formulada, pero que es necesaria:

¿Cómo resuelvo esta soledad?
¿Cómo me enfrento a este tiempo vacío que antes compartía con esa persona que ahora no está?
Angustia de separación: En los límites del agujero está la información. Volver al Paraíso es imposible. Crecer, crecer es la alternativa. ¿Eres dueño de tu destino?
Al menos te conviene pensar que sí a la hora de tomar una decisión. Porque lo más triste es que la repetición sea el único futuro: la repetición de un destino que ni siquiera es el tuyo, que fue el de tu padre, el de tu madre…
Angustia de incompletud
: enfrentado a mi propia frustración, caigo en acusar al otro de sus fallos. Insisto en exigirle una perfección acorde con mis fantasías.
Vuelvo a quedarme solo. Aparece la angustia como única señal de que algo está vivo en mi interior, y requiere un cambio, una nueva escena, una oportunidad.

Sara Blasco
En el Invierno de Nuestro Descontento
Diciembre 2015

Para qué sirve el Amor

septiembre 11

En el camino de la Vida, andando, saliendo a la calle, es una posibilidad, encontrar “el Amor”. Alguien que de repente empieza a amarte, y tú empiezas a amarla a ella, a él…Qué lío.
Y es quizás uno de los terrenos donde más claro se ve que uno mismo, una misma, se condiciona esos encuentros o des-encuentros. Se condiciona sin quererlo, claro está, desde los prejuicios, los complejos, las miserias que la vida, los antiguos amores y los más allegados y familiares han tenido a bien ir echando sobre tu cabeza…Con las mejores intenciones, seguro.
Sorprende ver la cantidad de hombres que se quedan solos por estar enredados en su propio laberinto. No menos que mujeres, cosa que no siempre se dice, o se ve.
Roqueros vírgenes que cantan al amor y al sexo. Virgen se puede ser en muchos sentidos. Y casi nunca es algo positivo en realidad. ¿Son los últimos románticos? Puede ser. Sueñan con una mujer ideal, lejana, inalcanzable. Han conseguido eternizar su adolescencia.
Es posible que hayan sido marcados por una madre absorbente y posesiva. Esas madres que confunden el control con el cariño y la buena educación con la garantía de futuro. Exigencia, control, miedo, protección. Y poca ternura. Tal vez. Y un padre tan ausente que apenas quedan recuerdos de él. La cadena del desamor…
Y tal vez sí existe una mujer capaz de amar a ese hombre. Seguramente, pero ella apenas puede dar un paso apenas, porque piensa que entonces dejaría de ser una mujer. Sean convenciones sociales o sean diferencias inscritas en nuestras células recónditas, es decir inconscientes.
La cosa es que parece falta de valentía y el tedio que ha atrapado a estos hombres por miedo a caer en el tedio de la familia y todas las obligaciones que conlleva.
El tedio de ser libres. Y tener todo el tiempo y todo el espacio del mundo.
Y cuando si por un azar o por esos determinantes de la vida que no sabemos, si por esa misma cobardía la salud o el trabajo o ambos fallan y empiezan a caer goteras en el techo del refugio individual de esa vida, pues será entonces cuando atormenta la pregunta por la soledad.
Sociedad patriarcal: atrapados en la propia trampa, humana, no sólo masculina, de que los hombres no pueden fracasar, no pueden ser rechazados, no pueden pedir perdón, no pueden llorar, no pueden equivocarse…
¿Es un parche el amor? ¿Algo que nos completa, que nos llena y ya no tenemos más hambre ni sed ni deseo cualquiera de ver a nadie ni de mirar ninguna cosa ni de salir ni de hacer nada???
Parece que deseamos un tapón que nos cierre y nos permita quedar en la nevera, bien guardaditos, hasta el próximo sorbo de vida…
Claro que el amor sacia. Y el sexo. Pero cuidado, ahí está la trampa, el engaño de los cuentos de hadas… Una amiga muy joven tiene puesto en su wasap: “Las princesas son contagiosas”. Es un amor.
Cada uno ha de cultivarse como persona, toda la vida. Y si tiene la bella suerte de encontrar a alguien que quiere compartir algo de su tiempo…, pues debe cultivarse mucho más, y dar lo mejor de sí a la otra persona.
Todo lo contrario de ese abandonarse y entregarse con pedos y todo a los brazos del amado, de la amada… Con calcetines sucios tirados al lado de la cama, con, en fin, no sigo que no quiero atufar a mis lectores…, perdón.
Pero aún no es tarde. Para qué sirve el amor. Escribe tu propia respuesta, para qué te ha servido a ti. Para qué quieres que te sirva… Porque vuelvo a decir, hay muchos amores, hay muchas formas de querer al otro. Esa persona te quiere, sí, te quiere mucho, pero ¿para qué te quiere?… ¿Va a permitir que sigas siendo tú mismo o en realidad no le gusta ni la mitad de cómo eres…?DSC_0655
A mí se me ocurre que el amor sirve para saberse “herido de incompletud”. Porque a veces una persona puede creer que ella es ella misma y se empieza y se acaba en sí mism@. Y eso es muy falso.
El amor sirve para saber que la vida es lucha, es incertidumbre y es soledad. Pero en algunos instantes maravillosos, dos mundos pueden juntarse, dos planetas pueden abrazarse y reír juntos y hablar y pasear… Para saber que “podemos crecer juntos”. El amor es un desafío.
Lo curioso es que conociendo al otro también te vas a conocer a ti mismo. Eso es muy interesante. El amor te abre varias dimensiones. Y en cada relación, en cada nuevo amor, vas a conocer a un nuevo tú. Esperemos que mejor que el anterior. Menos condicionado por los viejos fantasmas de mamá y papá. Menos egoísta, menos mezquino. Aunque haya que curar las heridas.
Escuchar al otro es fundamental. Porque siempre vamos a proyectar nuestra película en el otro, pero si ya lo sabemos, podemos apartar con cuidado la pantalla de tela y ver quién hay allí realmente… Como decía el chiste… sirve para conocer gente. Si lo haces bien.
Si para terminar me pongo más en psicóloga-clínica, pues es cierto, sirve para tener menos angustia, menos síntomas. Los síntomas son la sexualidad del neurótico, decía Freud. Y os aseguro que ese chico sabía un montón de estos asuntos…
Besos

Comenzando el curso en Septiembre 2015
Sara Blasco