La creación, la pareja y otros inventos

febrero 8

La vida es una creación y hasta cierto punto es un invento. Claro, los seres humanos habitantes de esos conglomerados que llamamos ciudades, tenemos una vida rutinaria ya prefijada, más o menos elegida y otros resquicios de tiempo disponible que a veces nos hacen sentir el vacío de nuestra propia existencia o bien la invasión por parte de los otros: entre el abandono y el secuestro…
clip_image002En la pareja un hombre podía querer una mujer para asegurarse la satisfacción sexual. De hecho es uno de los motivos que un hombre puede alegar para sentir que la pareja está rota, o funciona mal…
Y también una mujer podría querer un hombre para que le dé hijos. Pero también puede ser al revés. Una mujer puede querer a un hombre que la satisfaga sexualmente. Y un hombre buscar una madre para sus hijos…
Hay parejas de todo tipo conviviendo en la actualidad. Desde las que se rigen por un modelo medieval de dependencia servil. Hasta los que están inventando maneras de convivir y de sacar a los hijos adelante sin que necesariamente haya lazos de sangre o roles tradicionales de hombre-padre o mujer-madre…
Aunque los deseos no son tan diferentes. La cuestión es qué hacemos con ellos… Los hombres suelen tener una sobre-abundancia de deseos. Los tienen muy claros. Saben lo que les gusta y lo que no. Las mujeres suelen poner por delante las necesidades de los hijos y el marido, y lo que consideran condiciones mínimas de higiene y abastecimiento cotidiano.
La mujer tiene que pararse a pensar qué es lo que ella quiere. Y es interesante que lo haga. A veces, deshecha sus propios deseos como poco importantes o imposibles de realizar.
Aunque otras veces sí encuentra la posibilidad, el hueco, por pequeño que sea, es un hilo del que empezar a tirar. Para que la propia realización sea al menos una parte de lo que le da valor.
Para no depender enteramente de la mirada del otro. Para consistir en ella misma.
Y efectivamente, se trata de crear. Crear nuevas formas de relación entre un hombre y una mujer. Entre las mujeres y los hombres. Cada uno aporte su granito de arena.
Como que las tareas de la casa dejen de ser “lo que ella quiere”: “Lo que ella quiere es que mañana nos pongamos a limpiar”…
¿Se trata de un espacio de poder, de mando para ella?
¿O se trata de una mala manera de enfocar el reparto de tareas?
Es sorprendente que en parejas jóvenes, donde los dos trabajan, donde los dos se vanaglorian de participar activamente en la crianza de los hijos –qué bien- sin embargo haya todavía expresiones de ese tipo.
¡No creo que el deseo de ninguna mujer sea limpiar la casa! Es una necesidad de higiene, de orden estético incluso, que puede otorgar una satisfacción placentera del deber cumplido, o de la imagen presentable, pero es algo básico, necesario, previo a ningún deseo.
Como si la casa continuara siendo el espacio de dominio y sometimiento femenino inevitable.
La cara y la cruz que muestran lo difícil que resulta deshacer esa dependencia de siglos.
También hay casos donde la decisión del hombre de participar en la casa y la crianza, se convierte en un control obsesivo y casi persecutorio. También hay mujeres obsesivas y persecutorias… Cuando queremos hacerlo todo racional, tipo cuartel. Nos olvidamos de las emociones y las personas…
El Arte abre ventanas en tu mente, en tu espíritu. Un cuadro, una escultura. Una película, una obra de teatro. Incluso una música. “Passengers”. “Mármol”.
La mujer, la que no tiene, deja el espacio para que el otro sea, tenga. No poder, no tener. O ser-carente. “El Día de la Marmota”. Aprender a estar abierto al otro desde la propia carencia. No desde el poder. Desde la propia carencia, falta. Humildad. “Yo tampoco soy el que puede colmar tu deseo”. Yo también soy un pobre hombre. Pero entre los dos, podemos inventar lo maravilloso. Cada uno tiene su espacio de cultivo propio. Y un pequeño espacio en común.
Para producir ese vacío donde los deseos aparezcan. Donde uno escuche el deseo del otro. Y viceversa.
Un hombre reconocía no haberle prestado demasiada atención a su mujer ni a sus hijos. Se había centrado en el trabajo. Muchos años. Para “que no les faltara de nada”. Pero la mujer le había pedido una y otra vez: vamos a hacer cosas juntos. Vamos a un teatro, a un cine. Y el hombre no había escuchado. Ahora, se lamentaba. Ella no puede más. Y ha decidido partir, irse. En busca de sus sueños. Sabe que son sueños. Pero no puede seguir viviendo así, a la espera de alguien que nunca llega. Y cuando llega está cansado, malhumorado, todo le disgusta.
Él le pide tiempo. Pero el tiempo para ella ya ha cambiado. Está en otra estación.
No es entre el sueño y la realidad, es entre la realidad deseada y la realidad yerma, estéril, repetitiva, monótona, muerta, empobrecida, abandonada a la inercia. Y eso es igual en soledad o en pareja…
La realidad se cultiva con sueños y con actos. Es un arte, un invento.

Sara Blasco
Febrero

La angustia es una pregunta

diciembre 15

La angustia es una pregunta que no encuentra su respuesta.
Y que ni siquiera ha sido formulada como pregunta.
Si queremos encontrar una solución para la angustia tenemos que encontrar las dos: la pregunta y la respuesta. Tiene que encontrarla la persona que la padece, y que viene a consultar a un psicólogo.
Es como un agujero negro por donde se ha colado una parte de la vida, una parte de los deseos y las inquietudes. En un momento dado, el agujero se hará presente: está ahí.
El otro día leí al pasar que Stephen Hawking afirma que la información de lo que se ha “tragado” el agujero negro está ahí, en la entrada del agujero. Sólo que no es posible rescatarla. Es la “paradoja de la información”, que se queda retenida en el “horizonte de sucesos” en forma bidimensional. “Hawking admite que no hay forma de recuperarla de ahí en forma útil, pero está dispuesto a jugar con la idea de que pueda reaparecer en un universo paralelo…” (El País p.10 “El Acento”: “Stephen Hawking sale del agujero negro” Javier Sampedro
)
Hablando de ti mismo, de cómo fue tu infancia, de cómo tu padre hizo de padre, de cómo fuiste querido, amado, utilizado, rechazado, traicionado, vuelto a querer, protegido en exceso, admirado, humillado, victorioso… te encuentras a ti mismo, cómo has sido tú como hijo, desplegando todos los días, todas las noches que puedas recordar…Aparece el transcurso de tu historia, las huellas dejadas por los otros que han sido para ti…
Qué otro eres tú para tu hijo, qué padre eres…
Esa puede ser una pregunta. Y la angustia aparece si hay algo que no se puede concluir, hay algo que no se puede aceptar, un final, una separación, deja un vacío.
Cómo has sido marido o compañero, cómo has sido mujer y compañera, cómo has sido madre, cómo has amado a tus hijos. Si no hay preguntas no hay angustia y todo queda cerrado y punto, ya no piensas más en ello. Y está bien así. Seguramente.
La angustia habla de humanidad, de no conformarse con lo que la racionalidad nos marca. De sentimientos abiertos, a veces desgarradores.
Las preguntas están en un lugar llamado Inconsciente. Lo que conocemos de nosotros mismos es la punta del iceberg, una pequeña parte de lo que somos en realidad. Y la parte escondida es mucho más grande, donde habitan las huellas de un pasado inmenso cargado de todas las emociones que hemos vivido alguna vez.
Toda esa información está perdida. Está casi perdida, sólo a veces podemos recordar. Pero muchas veces repetimos, sin darnos cuenta.
Volver a leernos para volver a escribirnos. Esa es la solución: aparecer en un universo paralelo. Cada vez que nos reinventamos, creamos un universo paralelo. Creamos lo que no existía antes.
También el genial Hawking define la inteligencia como la capacidad de adaptarse al cambio.
Adaptarse no es sucumbir ni paralizarse ni morir con el cambio. Adaptarse, me parece, tiene que ver con luchar, con usar la imaginación, con crear herramientas que te permitan enfrentarte a la nueva situación con éxito.
La angustia es una pregunta que no ha sido formulada, pero que es necesaria:

¿Cómo resuelvo esta soledad?
¿Cómo me enfrento a este tiempo vacío que antes compartía con esa persona que ahora no está?
Angustia de separación: En los límites del agujero está la información. Volver al Paraíso es imposible. Crecer, crecer es la alternativa. ¿Eres dueño de tu destino?
Al menos te conviene pensar que sí a la hora de tomar una decisión. Porque lo más triste es que la repetición sea el único futuro: la repetición de un destino que ni siquiera es el tuyo, que fue el de tu padre, el de tu madre…
Angustia de incompletud
: enfrentado a mi propia frustración, caigo en acusar al otro de sus fallos. Insisto en exigirle una perfección acorde con mis fantasías.
Vuelvo a quedarme solo. Aparece la angustia como única señal de que algo está vivo en mi interior, y requiere un cambio, una nueva escena, una oportunidad.

Sara Blasco
En el Invierno de Nuestro Descontento
Diciembre 2015

Para qué sirve el Amor

septiembre 11

En el camino de la Vida, andando, saliendo a la calle, es una posibilidad, encontrar “el Amor”. Alguien que de repente empieza a amarte, y tú empiezas a amarla a ella, a él…Qué lío.
Y es quizás uno de los terrenos donde más claro se ve que uno mismo, una misma, se condiciona esos encuentros o des-encuentros. Se condiciona sin quererlo, claro está, desde los prejuicios, los complejos, las miserias que la vida, los antiguos amores y los más allegados y familiares han tenido a bien ir echando sobre tu cabeza…Con las mejores intenciones, seguro.
Sorprende ver la cantidad de hombres que se quedan solos por estar enredados en su propio laberinto. No menos que mujeres, cosa que no siempre se dice, o se ve.
Roqueros vírgenes que cantan al amor y al sexo. Virgen se puede ser en muchos sentidos. Y casi nunca es algo positivo en realidad. ¿Son los últimos románticos? Puede ser. Sueñan con una mujer ideal, lejana, inalcanzable. Han conseguido eternizar su adolescencia.
Es posible que hayan sido marcados por una madre absorbente y posesiva. Esas madres que confunden el control con el cariño y la buena educación con la garantía de futuro. Exigencia, control, miedo, protección. Y poca ternura. Tal vez. Y un padre tan ausente que apenas quedan recuerdos de él. La cadena del desamor…
Y tal vez sí existe una mujer capaz de amar a ese hombre. Seguramente, pero ella apenas puede dar un paso apenas, porque piensa que entonces dejaría de ser una mujer. Sean convenciones sociales o sean diferencias inscritas en nuestras células recónditas, es decir inconscientes.
La cosa es que parece falta de valentía y el tedio que ha atrapado a estos hombres por miedo a caer en el tedio de la familia y todas las obligaciones que conlleva.
El tedio de ser libres. Y tener todo el tiempo y todo el espacio del mundo.
Y cuando si por un azar o por esos determinantes de la vida que no sabemos, si por esa misma cobardía la salud o el trabajo o ambos fallan y empiezan a caer goteras en el techo del refugio individual de esa vida, pues será entonces cuando atormenta la pregunta por la soledad.
Sociedad patriarcal: atrapados en la propia trampa, humana, no sólo masculina, de que los hombres no pueden fracasar, no pueden ser rechazados, no pueden pedir perdón, no pueden llorar, no pueden equivocarse…
¿Es un parche el amor? ¿Algo que nos completa, que nos llena y ya no tenemos más hambre ni sed ni deseo cualquiera de ver a nadie ni de mirar ninguna cosa ni de salir ni de hacer nada???
Parece que deseamos un tapón que nos cierre y nos permita quedar en la nevera, bien guardaditos, hasta el próximo sorbo de vida…
Claro que el amor sacia. Y el sexo. Pero cuidado, ahí está la trampa, el engaño de los cuentos de hadas… Una amiga muy joven tiene puesto en su wasap: “Las princesas son contagiosas”. Es un amor.
Cada uno ha de cultivarse como persona, toda la vida. Y si tiene la bella suerte de encontrar a alguien que quiere compartir algo de su tiempo…, pues debe cultivarse mucho más, y dar lo mejor de sí a la otra persona.
Todo lo contrario de ese abandonarse y entregarse con pedos y todo a los brazos del amado, de la amada… Con calcetines sucios tirados al lado de la cama, con, en fin, no sigo que no quiero atufar a mis lectores…, perdón.
Pero aún no es tarde. Para qué sirve el amor. Escribe tu propia respuesta, para qué te ha servido a ti. Para qué quieres que te sirva… Porque vuelvo a decir, hay muchos amores, hay muchas formas de querer al otro. Esa persona te quiere, sí, te quiere mucho, pero ¿para qué te quiere?… ¿Va a permitir que sigas siendo tú mismo o en realidad no le gusta ni la mitad de cómo eres…?DSC_0655
A mí se me ocurre que el amor sirve para saberse “herido de incompletud”. Porque a veces una persona puede creer que ella es ella misma y se empieza y se acaba en sí mism@. Y eso es muy falso.
El amor sirve para saber que la vida es lucha, es incertidumbre y es soledad. Pero en algunos instantes maravillosos, dos mundos pueden juntarse, dos planetas pueden abrazarse y reír juntos y hablar y pasear… Para saber que “podemos crecer juntos”. El amor es un desafío.
Lo curioso es que conociendo al otro también te vas a conocer a ti mismo. Eso es muy interesante. El amor te abre varias dimensiones. Y en cada relación, en cada nuevo amor, vas a conocer a un nuevo tú. Esperemos que mejor que el anterior. Menos condicionado por los viejos fantasmas de mamá y papá. Menos egoísta, menos mezquino. Aunque haya que curar las heridas.
Escuchar al otro es fundamental. Porque siempre vamos a proyectar nuestra película en el otro, pero si ya lo sabemos, podemos apartar con cuidado la pantalla de tela y ver quién hay allí realmente… Como decía el chiste… sirve para conocer gente. Si lo haces bien.
Si para terminar me pongo más en psicóloga-clínica, pues es cierto, sirve para tener menos angustia, menos síntomas. Los síntomas son la sexualidad del neurótico, decía Freud. Y os aseguro que ese chico sabía un montón de estos asuntos…
Besos

Comenzando el curso en Septiembre 2015
Sara Blasco

Los traumas psicológicos

junio 14

“Todo aquello que está bajo la tierra
El tiempo lo sacará a la luz del sol”
Horacio

Asistimos a una banalización del lenguaje, de la vida. Pero no siempre, lo que por un lado puede ser apreciado como una extensión del pensamiento y de términos científicos, podrá ayudar a una mejor comprensión del ser humano. En ese intento escribo estas líneas.
Hay personas que pueden usar la palabra “trauma” en un sentido banal, “qué trauma tengo con mis suegros… con mi trabajo…, con mi pareja…” Cuando hablamos así, seguro que no se trata de un trauma.
Porque trauma es aquello que no se puede asimilar, comprender, decir con palabras. El trauma ocurre como una invasión de otra realidad que rompe las cadenas del lenguaje, y que deja una huella profunda, dolorosa, incomprensible.
Veía una serie policíaca en la que un hombre perturbado atacaba a varias niñas sucesivamente, las violaba y después las golpeaba hasta casi la muerte. Una policía bien intencionada entrevistaba a una de las niñas en el hospital, y le pedía que contara lo que había ocurrido y que reconociera a su agresor. La niña colaboraba tranquilamente. Esto es imposible en un trauma real.
Los traumas de guerra son también tratados banalmente en las películas. Así como los traumas sexuales. Sigmund Freud trató muchos casos de personas traumatizadas. Y estudió el mecanismo de la transformación que sufre un psiquismo a consecuencia del trauma. Hablaba de un “núcleo patógeno”, donde queda como encapsulada la experiencia traumática, cubierta por varias capas defensivas.
Se preguntaba por qué, en estos casos, se producen fenómenos de repetición. En los sueños y en la vida cotidiana, la persona sufre una repetición de la escena traumática. Actualmente se llaman “flashbacks”. La percepción queda bloqueada por el recuerdo sensorial, visual, auditivo, olfativo, de la escena. La persona está atrapada en aquél momento. La sensación es muy dolorosa, no puede escapar del recuerdo vivo de lo sucedido. Y esto se repite en cualquier momento, imprevisiblemente.
En muchas ocasiones la infancia ha tenido que soportar hechos traumáticos. La invasión de un adulto que abusa de una niña, de un niño. Abusos sexuales que no son comprendidos en ese momento, y que dejan una huella de dolor. En muchas ocasiones, es un familiar directo el que realiza tales abusos: el padre, el tío, el abuelo. ¿Cómo puede ser? Porque son personas a su vez con alguna alteración en su infancia, en su desarrollo normal. Y porque banalizan tales actos, pensando que la niña no se entera, que a ella le gusta, que total no se entera, después ya no se acordará de nada. Pero sí se acordará.
¿Por qué es doloroso el trauma? Porque la persona ha sido anulada. En ese momento no existe como sujeto. Sus derechos, sus palabras, sus deseos han sido anulados, no tenidos en cuenta, destruidos de hecho en ese instante.

Cómo plantear la recuperación de un trauma
El psiquismo, la mente, recurren a la repetición en un intento de elaboración de lo traumático. Al igual que el dolor físico nos informa de que algo no está curado, una herida, una alteración en el funcionamiento normal de un órgano. El dolor psíquico también informa de la duración del trauma.
El desafío para la cura es poder acompañar a esa persona en su proceso. Ayudarla a poner palabras allí donde sólo hubo violencia. Rescatar a ese ser único, de su anulación. El juego acompañado, el dibujo, el relato, ayudan a los niños a poner palabras y a poder situarse frente al agresor como sujetos. El sujeto es mucho más que el objeto de la agresión. Por eso hay que escucharlo, tenerlo en cuenta, reconocerlo.
El terapeuta es un espejo donde el sujeto puede mirarse. Pero en ningún momento se puede tomar el papel de la banalización, de querer apresurar el camino. Cada persona tiene su tiempo. Hay que dárselo, con sutileza, con espera. También las personas que conviven con otra que ha sufrido un trauma. No para convertirlo en una víctima eterna. Pero sí para reconocer su dolor y tenerlo en cuenta.
Hay que escuchar cuando el otro dice NO. Sea un niño, una niña, o una mujer, o un hombre. Y hay que escuchar cuando el otro dice SÍ. Las palabras de ánimo sirven de poco. Más bien parecen una necesidad de quien las pronuncia de que el otro salga de su estado. Pero no ayudan.
La convivencia plantea siempre contradicciones, deseos que chocan, mi deseo contra tu deseo. Sólo a veces, conseguimos aunar tu deseo con mi deseo y parece que vamos juntos. La soledad forma parte de la vida. El dolor también. Pero también la risa, la alegría, el humor. Poder participar de todo ello requiere la habilidad de un arte.
El trauma necesita ser hablado, explicado, recordado. Sólo así podrá ser elaborado en una trama de palabras, en un tejido más parecido a lo humano. En una apropiación personal de lo que pasó. Usando los calificativos que corresponden al sentimiento.
El camino no es fácil. A veces la persona pone en marcha “mecanismos de defensa” que consisten en la negación de lo ocurrido, en la transformación en su contrario, en la represión y el olvido.
Estos “mecanismos” sólo sirven momentáneamente. Con el tiempo, los efectos del trauma vuelven a aparecer. Contaminan las percepciones, las relaciones, la valoración de uno mismo. Todo ello debe aparecer en una terapia de lo traumático. Volver a tomar posición, cambiar la posición, el punto de vista. Este es el objetivo.
Todos los que han trabajado con personas traumatizadas están de acuerdo en que la persona debe hablar de lo sucedido. Y esto es lo más doloroso. Se trata de restablecer el hilo del pensamiento, el hilo de la comunicación, el hilo de la vida. El hilo de los sentimientos.
A veces, se puede perdonar, a veces no.

Películas: “La Vida Secreta de las Palabras”, “El árbol de la Vida”.
Libros: “Trauma y Recuperación”, Judith Herman.
“Trauma, Culpa y Duelo. Hacia una Psicoterapia Integradora”, Pau Pérez Sales.

Sara Blasco
Junio de 2015